Mostrando entradas con la etiqueta teatro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta teatro. Mostrar todas las entradas

24 de noviembre de 2011

El Hombre Vertiente: entre la Vigilia y el Sueño

Es temprano por la mañana, y el sonido de una voz conocida nos indica que es momento de despertarnos y que debemos acudir a nuestras obligaciones diarias. Sin embargo, nuestro cuerpo se siente cansado y nos cuesta levantarnos. Sin darnos cuenta caemos en un sopor aún más pesado pero de pronto la escena cambia...nos levantamos tranquilamente y comenzamos a vestirnos. Nuevamente aquella voz interrumpe nuestras acciones. Inmediatamente algo nos dice que en realidad nunca estuvimos despiertos del todo, y que lo anterior se trató de un engaño que ocurrió en el límite entre el Sueño y la Vigilia. Este es un claro ejemplo de un falso despertar. 

 
Para muchos, la escena previa puede resultarnos frustrantemente familiar al notar que cuando pensábamos que ya estábamos levantados, debemos realizar todas esas acciones otra vez. Es como si sintiéramos que hemos perdido el Tiempo. Ahora bien, existen otras situaciones en donde este mismo Tiempo parece diluirse sin que nos hayamos dado cuenta y la sensación de no saber si estar despierto o soñando es muy vívida. Este es el caso de la puesta en escena de El Hombre Vertiente.

El viaje de un héroe por sus mundos internos, enfrentándose con el poder de los cuatro elementos. El Agua, simbólicamente relacionada a lo inconsciente y a las emociones, es quién perturba su estado inicial y lo conduce a explorar el control y descontrol de sí mismo. Cuando estas aguas nos son desconocidas o las rechazamos, ellas se vuelven contra nosotros y aparecen los monstruos y bichos que atentan contra el equilibrio psíquico, llevándonos a una cárcel de la cuál sólo puede escaparse a través de una muerte de nuestro Ego. Así, como una serpiente que se desprende de su antigua piel, la nueva personalidad emerge mientras se rinde ante sus enemigos que ahora se vuelven sus aliados.

Primero, se vive la experiencia de los elementos más pesados e instintivos: el Agua y la Tierra con su frío y humedad. Una vez comprendidos y vivenciados, surge la calor y la sequedad de el Aire y el Fuego, no sin oscilar entre la desolación y la euforia, el éxtasis y la desesperación.
El Hombre Vertiente es una historia que trasciende cualquier cultura o idioma, ya que son las imágenes míticas quienes tejen la trama del héroe en busca de su autoconsciencia. Y en esta travesía, lo femenino y lo masculino se polarizan para luego volver a integrarse en una celebración colectiva por el triunfo de la vida presente, con todas sus alegrías y desdichas.

En esta fiesta por la condición humana, nos ubicamos nosotros como espectadores o  participantes. Quién observa con cautela e intenta controlar el ambiente, será un espectador. Mientras que quién se involucra con la trama no dejará de sentir que al finalizar la función, no sabe con certeza si lo que ocurrió allí fue un Sueño o si en realidad nunca despertó.


Fuente: http://www.hombrevertiente.com/

10 de diciembre de 2010

Psicomagia: el acto onírico y la "trampa sagrada"

Reiteradas veces hemos hablado sobre la separación entre Sueño y Vigilia, y cómo el pensamiento moderno necesita de esta separación para establecer un criterio de realidad y verdad.  Sin embargo, a través de nuestro recorrido tratamos de enfatizar la idea de que tal división puede de-construirse. Planteamos la posibilidad de una nueva amalgama en donde los Sueños puedan formar parte de la realidad, estableciendo un diálogo entre estas dos esferas de la acción humana. Para tales fines, hemos tejido relaciones con el Teatro así como el Arte y la Tecnología, entre otras. En esta ocasión, hablaremos sobre el acto onírico como una irrupción del mundo de los Sueños en la vida cotidiana.

En las culturas herederas de los pueblos aborígenes en todo el planeta, se destaca al chamanismo como una tradición médica que comunica el mundo de los vivos con el de los espíritus, tanto de seres humanos como de plantas, animales o minerales. Aquí el universo se encuentra en comunión y el mundo de los Sueños y de la Vigilia no se ven separados, como así tampoco lo está el relato mítico de los hechos históricos. Los acontecimientos y hazañas heroicas de las leyendas de un determinado pueblo no se cuestionan en si tal o cual personaje verdaderamente hizo tal o cual proeza, por más increíble que parezca. 


En este contexto, varios hombres y mujeres modernos han logrado aprender de las enseñanzas de estos curanderos, brujos y brujas que aún trabajan con humildad y en beneficio de quién lo necesite. En el caso que veremos a continuación  la tradición chamánica  ha sido reelaborada a través del teatro y la psicología profunda. 

Alejandro Jodorowsky es el creador de la Psicomagia, un arte terapéutico que consiste en la realización de un acto creativo llevado a cabo por el consultante luego de una evaluación diganóstica de su entorno afectivo y la naturaleza de la consulta. El objetivo es crear una "trampa sagrada" para engañar a la consciencia y así catalizar el proceso de curación. Veamos un ejemplo:

"Una señora padecía un mareo constante. Un simple charco de agua bastaba para hacerle sentir vértigo. Le aconseje que pusiera que los pies entre los muslos de una mujer y restregara la planta con la vulva[...]Este acto le provocó una crisis de llanto, seguida de una revelación salvadora. El significado de sus vértigos era el miedo a ser engullida por su madre, pavor ante el sexo materno, etc."


El escritor, dramaturgo y director de cine, explica que estos actos recetados por él mismo son producto de su intuición con quién logra percibir el problema de los consultantes. Esta técnica fue adquirida a lo largo de sus experiencias personales, pero se nutrió mucho más durante su estadía en México, en donde mantuvo contacto con varios curanderos que prescribían a sus pacientes soluciones de este tipo. Aunque a simple vista parecen ser acciones muy rudimentarias, no muy diferentes a las recomendaciones de brujos y videntes contemporáneos -según testimonios*- cuando los consejos psicomágicos son llevados a cabo por los consultantes, la mayoría parecen tomar consciencia de su problema, conduciéndolos al comienzo de una cura.


Ahora bien, más allá de esta forma terapéutica y sus intrigantes procedimientos, el autor de la Psicomagia cuenta como a lo largo de sus experiencias oníricas, fue adquiriendo las herramientas para actuar sobre la vigilia:


"El Sueño lúcido  me enseñó a moverme por el interior de una realidad dúctil en la que siempre puede producirse cualquier mutación, cualquier transformación. [...]el solo deseo de encontrarme en África, entre las manadas de elefantes, era suficiente para transportarme hasta allí. En este otro modo de sueño que es la "realidad", también es mi cerebro, la forma en que yo me represento en el mundo, lo que determina lo real."


Entonces, a través de estos actos psicomágicos que tendrían más sentido en un contexto onírico o en una creación artística, es que las personas lograrían engañar a lo inconsciente, a través del lenguaje simbólico,  de manera tal que la vida real es tratada como un Sueño del cuál se intentará adquirir la lucidez:


"Puesto que soñamos nuestra vida, vamos a interpretarla y descubrir lo que trata de decirnos, los mensajes que quiere transmitirnos, hasta transformarla en Sueño lúcido. Una vez conseguida la lucidez, tendremos la libertad para actuar sobre la realidad, sabiendo que si sólo tratamos de satisfacer nuestros deseos egoístas seremos arrastrados, perderemos el control y por lo tanto, la posibilidad de hacer un acto verdadero."


Aquí también vemos otro aspecto importante. La identificación y el derrotero del ego cuando se deja llevar por una situación onírica, ya sea por un deseo exagerado dentro de un Sueño (avaricia, lujuria, etc.) o por el miedo que causa una pesadilla, finalmente causa la pérdida de lucidez en el Sueño. Perdemos el control y nos identificamos con él, de tal forma que el Sueño es soñado en lugar de vivido.  Sin embargo, un acto de distanciamiento y no identificación permite adquirir el control de los Sueños y modificarlos a voluntad para develar un significado expresado en símbolos. El Sueño vuelve a pertenecernos y podemos aprender de él. 


De la misma manera, el distanciamiento puede servirnos para irrumpir en la realidad no onírica y comprender los escenarios que vamos creando en nuestra propia Vida-Sueño. El hecho de contemplar aquello que acostumbramos nombrar como "vida real" bajo la perspectiva psicomágica, es decir,  a través del sano equilibrio entre deseo y distanciamiento, junto a la conversión de nuestras vivencias en actos oníricos, transformará la vida misma en una obra de teatro cuyo límites están dados por la imaginación. Y así, el "despertar es dejar de soñar, desaparecer de ese universo onírico para convertirse en aquel que lo sueña".




*Tanto los testimonios como las experiencias que condujeron a Alejandro Jodorowsky a la creación de la psicomagia están referidas en su auto-biografía "Psicomagia"

13 de abril de 2010

El Tango y los Sueños

Imagen de Chilo Tulissi

Todo el ritual que acompaña al Tango es, sin duda, un viaje a una tierra de Sueños.
Desde la preparación de los bailarines, quiénes pueden dedicar horas enteras al aseo de su persona para lucir la modesta vestimenta requerida, pasando por el baile en sí mismo, hasta la finalización de la velada que nos saluda con un triste pero dulce adiós.

Mujer y hombre se enlazan en el abrazo del baile y cada uno se convierte en el extremo de aquél péndulo de la sensualidad. Aquí los roles se acentuan y extreman para mimetizarse con la naturaleza de los géneros. No se trata de un sexismo banal, funcional al juego del "amo y sirviente", sino que aquí, cada quién acepta su rol para hacer posible la magia de la danza. Él busca domarla, poseerla para sí, pero ella lo evade, aquí y allá, con sus firuletes y al cruzar sus piernas cuando hace los "ochos". Al mismo tiempo, provoca para que él la busque, pero sin encontrarla, convirtiendo a la danza en una eterna búsqueda de satisfacción de los deseos que no pueden ser colmados, tamizados por la etiqueta, las máscaras y los códigos del salón.

Y todo esto en el Gran Círculo de la milonga, fabuloso vórtice que gira en contra de la corriente del tiempo, oponiéndose al paso y a la corrupción que Cronos nos recuerda con cada grano de arena, cayendo para nunca volver. En este círculo, el individuo no tiene lugar. El Todo es más que la suma de sus partes, cuyo cuadro está marcado por el palpitar del bandoneón. Cada pareja se va conociendo en el breve lapso que da la canción. Una cuenta regresiva hasta encontrar la cadencia del Tango, oscilando entre el ritmo y la pausa, como latidos del corazón, entre la vida y la muerte, la vigilia y el Sueño. Es el hechizo de esta danza, en la que las diferencias de toda clase se suspenden, excepto por el fulgor de él y de ella, de los dos.

19 de octubre de 2009

Luz y Calor: El hechizo del Sueño

En la literatura fantástica, tanto como en el folcklore de diversos pueblos suele hablarse de encantos o hechizos que provocan el Sueño a los afectados o también aquellos que nublan el juicio y son dispuestos a la merced de sus conjuradores. Hoy en día se le ha quitado el romanticismo a estos cuentos para relacionarlos con la manipulación mediática, los cultos religiosos de grupos que conducen al suicidio masivo, y en otro extremo a las prácticas populares de "magia del amor" para atraer parejas o conquistar al corazón abandonado. Existe otro tema que podemos vincularlo al mundo de los Sueños y que al mismo tiempo pertenecería a este tipo de creencias y prácticas contemporáneas.

Recientemente acudí a un concierto de Rock, y volvieron a mí los mismos pensamientos que en situaciones similares ya habían llamado mi atención. Práctica muy usual en todo el mundo, los grupos musicales han construido puentes entre culturas que habían tenido poco contacto con el resto del mundo, a excepción de sus habitantes más próximos. También ha llevado la cultura del consumo y a la copia de una forma de vida particular, normalmente la de los países occidentales como los Estados Unidos, vocero internacional de la cultura contemporánea.

Más allá de enunciar una opinión a favor o encontra de estos hechos, podríamos considerar a esta experiencia como un estado intermedio entre el Sueño y la vigilia. En un concierto de música, los actores (quizás en el teatro también aunque de otra manera) si realmente saben como simpatizar con su público, causan tal efecto que cada persona allí presente abandona una porción de su individualidad y pasa a ser parte de la totalidad de personas, comandados por la experiencia de unirse -casi místicamente- con las palabras, los sonidos e imágenes que conforman al show.

Como una gota en el océano, la audiencia se funde en un cúmulo de sensaciones corporales intentando traducir el lenguaje de todas esas emociones intensas que desbordan los sentidos. No es extraño entonces confundir a cantantes como Jim Morrison (The Doors) con un Chamán o Sacerdote de las Masas. Ahora bien,
¿qué se puede decir de este estado similar al éxtasis y al Sueño placentero del cuál no quisiéramos despertar?

Las personas que se adscriben a posturas más moralistas, dirán que los presentes se colocan bajo un estado de sumisión ante otras personas, que podrían conducirlos a realizar actos perjudiciales para ellos mismos o hacia otros. Encontramos varios casos en donde se culpa a la influencia de ciertas bandas de rock por haber sido responsables de inducir al asesinato otras personas. En mi opinión, al igual que con muchos campos de la vida, un martillo puede ser utilizado como una herramienta útil tanto como para romperle la cabeza a otro ser vivo, la diferencia está en quién y cómo utiliza el martillo. Claro que estas comparaciones tienen sus límites cuando vemos que existen ideologías explícitas que promueven mensajes en contra de la vida en general.

A pesar de todo, considero que esta experiencia ha sido parte de la historia de la humanidad, y se ha manifestado de diferentes maneras, el problema estaría en que hoy en día, las barreras de la moralidad son muy flexibles y para aquellos que o bien aún están formando su identidad personal, o les resulta difícil desenvolverse en su entorno social, corren riesgo de ser atrapados por el ensueño de lo que a simple vista parece ser una hermosa sirena posada en un peñasco en medio del océano, que con su dulce voz atrae a los marinos incautos, pero en realidad se trata de una pesadilla que nos puede conducir a las profundidades.

Quizás, es una forma de probarnos a nosotros mismos (¿para qué?) y el secreto está en vivir la experiencia de unión con ese estado onírico colectivo, y luego volver a la fría soledad cósmica del individuo para evaluar al experiencia de los sentidos con la navaja de la razón.


"[...]La comunidad nos da calor, mientras que la soledad nos da la luz". Carl G. Jung: Sermo V - Septem Sermones ad Mortuos -





















18 de julio de 2008

El teatro y su doble

El arte del teatro hoy en día es parte del mundo del entretenimiento pero a diferencia del cine, éste se remonta a épocas pretéritas en donde era la única tecnología posible para representar escenas con personajes de manera no pictórica como las pinturas rupestres, que datan del principio de la especie y género que nos caracteriza como “humanos”. Sin embargo, esos personajes, situaciones, diálogos, gestos, etc. eran algo más que una forma de entretener. Allí se conjugaban los conflictos sociales, la catarsis personal y por sobre todo, la devoción por las fuerzas de la naturaleza. En esos tiempos, “naturaleza” no se encontraba separada de la “cultura” como par antagónico por excelencia en nuestra cultura occidental. Podíamos encontrar una consciencia de participación en donde si bien había diferencias entre un animal, una planta y una persona, todos formaban parte de la misma matriz creadora, sin importar si era un dios, diosa o entidad suprema.

El teatro era una formación ritual y los personajes representados no eran una representación (como sí) sino una identificación completa entre el actor y su alterego. Todavía ciertas culturas que son consideradas "primitivas" mantienen sus prácticas rituales como una representación de cosmogonías y hechos míticos, utilizando máscaras, danzas y cánticos.


El teatro visto como un ritual implica la ruptura de un velo y todo aquello que existía antes deja de ser para convertirse en aquello que acontece en la escena. Algo de esto sigue ocurriendo en el teatro contemporáneo, pero la experiencia vivida por los actores no es la misma que antaño, salvo por aquellas corrientes teatrales que retoman el valor sagrado de este arte. Figuras como Grotowski, Artaud y Barba han rescatado esta visión “sacra” del teatro, manteniendo la fusión entre un mundo extra-ordinario y la realidad profana.

Es aquí donde surgen las relaciones entre el Teatro y los Sueños como aquél mundo ficticio pero no por ello menos real, en donde las fuerzas del cosmos conjugan elementos personales y colectivos para dar fruto a la creación de escenas y personajes oníricos. El velo que separa la entrada en escena para el actor, es el mismo que separa al mundo de la vigilia del ensueño.

Dormir es adentrarse en la región inconmensurable de los Sueños y actuar es penetrar en el inconsciente colectivo e individual para encarnar personajes que cuando salen de escena, dejan de existir, como al despertar de un Sueño. Sin embargo, algo queda en la atmósfera. Los espectadores que logran identificarse con la obra pueden hacer propios los personajes al igual que el soñador entrenado que recuerda sus Sueños puede rasgar el velo de la consciencia para traer el recuerdo de su experiencia y volcarse al análisis de los símbolos presentes o bien volver a re-producir los mismos en otras formas artísticas; escribiendo, pintando, materializando las ideas que surgieron vívidas en ese “otro lado”.

El Teatro y los Sueños forman parte de esa ilusión de quién la realidad se nutre y se retroalimentan ilimitadamente. Y en ambos, la caracterización de lo sagrado podría ser la clave de unión entre dos mundos que han sido separados por siglos de desencantamiento. No obstante, no es necesario hablar de dioses para sacramentar la vida. La conceptualización de dioses fue parte de una etapa de la humanidad que ha sido impugnada, pero el carácter sagrado permanece en la consciencia de los hombres y mujeres. El arte teatral podría ser parte de una clave capaz de unir aquello que fue separado por nosotros mismos y que ahora estamos necesitando para combatir el sentimiento de soledad y anguista existencial de cada época.